Autor Chester Gould
Editorial Norma
Número de páginas 364
Precio aproximado: 29€

Fell

Fell es creación de Warren Ellis y Ben Templesmith. Aparentemente, se adscribe al género negro, con su detective de homicidios, su ciudad corrupta y sus personajes entre lo aberrante y lo patético. Sin embargo, esta misma descripción ya les habrá puesto sobre la pista a los más versados. Fell juega con el policial como estilo y no como argumento. El verdadero noir se mueve en la línea entre la legalidad, la justicia y el crimen, evidentemente, pero alcanza sus cimas más altas en el retrato de individuos al límite, en la descripción de sus propios códigos de honor, dictados por la supervivencia y, de rebote, ofrece la crítica social derivada del espejo distorsionado, de cuestionar la rectitud de los poderes públicos y la maldad intrínseca del criminal en el infinito campo de batalla de las pasiones humanas. En Fell (como en el Sin City de Frank Miller) los recursos del género negro son el marco y no su verdadera esencia, hasta el punto de que no pocas veces podemos hacer la transición del detective Richard Fell a nuestro bastardo favorito John Constantine. A menudo las técnicas de deducción y la forma de engañar a los sospechosos le emparentan con el Patrick Jane de la serie El mentalista. Y lo de la ciudad como algo vivo, espiritualmente perversa, genéticamente concebida para ahogar toda esperanza, procede más bien del fantástico, desde la Derry de Stephen King (It), que bebía de esas ignotas poblaciones medio soñadas de Lovecraft, a la Gotham de Snyder y Capullo (Batman). Sam Spade o Philip Marlowe, por el contrario, discurrían en entornos mucho menos espectrales. Snowtown -y en ello hay que darle crédito al ilustrador, Ben Templesmith– es un asfixiante extrarradio de seres confusos y medio deformes, más malvados que corruptos. Hasta esas pintadas que buscan protección mágica (uno de los leit motivs de la serie) parecen anunciar su parentesco con ficciones como el Candyman de Clive Barker. En definitiva, un entorno más atmosférico que real, más pesadillesco que doliente.